Bariloche adicta, violenta y corrupta. Una carta que espera, reclama y necesita respuestas (Por R. Florido)
Dos sacerdotes y un grupo de padres denunciaron que hay policías que, a sus propios hijos y feligreses los mandan a robar. Liberan la zona y los mandan a robar para pagar deudas de drogas que, al decir de la denuncia, algunos propios policías les proveen.
Pasan las semanas y no se conoce ningún resultado. La denuncia fue gravísima y nadie dice nada. ¿Investigaciones? No se sabe que haya. ¿Llamados a los denunciantes para que den precisiones, nombres, o siquiera ofrecerles alguna protección para que puedan hablar sin temer represalias? Tampoco se sabe que existan.
Así es imposible. Cuando las drogas se hacen presentes, el crimen se mezcla con esta, hay policías que se entremezcla en esta perversa relación y los decisores políticos (municipales y provinciales) hacen de cuenta que el problema no es de ellos, es imposible. La mayoría de la policía que no está implicada en esto, tampoco merece mancharse con esa otra porquería. Pero el silencio corporativo no es respuesta valida.
Muchos simplificarán luego que a estos chicos les falta contención y cuidado familiar. Pero cuando la encuentran y sus propios padres y pastores se preocupan, denuncian y piden ayuda. Silencio. Distracción. Dejemos pasar el tiempo para que todos se olviden. Total, luego llegará los asaltos para satisfacer las cuotas de exigencia, la muerte de un ciudadano, de un chico, de un comerciante y quizás hasta la muerte de algún buen policía que no tendría que estar por el lugar. Y el problema será otro. Todos olvidarán convenientemente que la perversa relación había sido expuesta, no investigada y, luego, encubierta en su propia inacción.
Pero no todo es olvido. La publicación de Sebastián Carapessa para la revista
“Al Margen” hizo una nota con los sacerdotes católicos que se arriesgaron, preguntaron, denunciaron y no se ocultaron y
Salesianos de la parroquia del Frutillar
Junto con el Foro de Padres, hicieron públicas dos cartas abiertas a la sociedad barilochense denunciando la situación de los adolescentes en los barrios, la marginalidad y la venta de drogas entre otros males. En esta entrevista resaltan los valores aprendidos por la gente de los barrios, sobre las opresiones de la vida cotidiana y alertan; “No se metan más con nuestros hijos”.
Soy cura del Frutillar desde hace 8 años y provengo del norte de Neuquén. Vine con gusto porque conocía la situación de aquí y veíamos que en medio de tantos problemas en los barrios había mucho para aportar. Realmente uno va sintiendo que a esta gente muchas veces se los acusa que son causantes de esos problemas y la sociedad los margina, sobre todo a los que viven en barrios periféricos. Es como que están por fuera de la sociedad. Uno va percibiendo cosas y lucha para que exista mas justicia, más comprensión con la esperanza de que se pueda lograr una sociedad mejor. (Padre Renzo Adami)
“Vine buscando un poquito de tranquilidad, y conocía Bariloche por un amigo que vive aquí. Los primeros meses pensaba que era todo muy tranquilo. Pero al poco tiempo que llegué me golpeó lo que sucedió el 17 de junio cuando mataron a esos tres pibes, esa pueblada y la represión que hubo después. También la bronca de los pibes, la reacción de la sociedad, el aplauso a las fuerzas de represión, la mirada frente a los pibes delincuentes y la capacidad de poder encerrar todo en la frase; “que bueno que se halla matado un pibe delincuente más”. (Padre Carlos Morena)
_ ¿Cómo surgió la idea de escribir las dos cartas abiertas a la sociedad barilochense que hicieron públicas?
_ Hubo una reunión en el colegio motivada por la preocupación de algunos padres que veían que los chicos estaban cooptados o eran chupados para robar, para pagar las deudas de la droga, deudas que la policía les exigía pagar. Eran policías los que obligaban que vayan a robar, los que liberaban un determinado lugar, y lo que los chicos traían servía para pagar su deuda. A partir de ahí surge el testimonio de estos chicos, golpeados, torturados por la policía. Y como en Bariloche la postal tiene que seguir manteniéndose, nunca se puede romper, afear, y la foto linda tiene que permanecer, decidimos salir con esta carta para hacer ver que esto también pasa y no se habla. El negocio de la droga es un negocio muy grande y ganan todos; el que la trae, comercializa y la vende en los barrios. Y entonces termina convirtiéndose en una guerra pobres contra pobres, porque el pibe que está muy copado con la droga la necesita y la va a conseguir a cualquier precio, a veces hasta robándole a su vecino. La droga está instalada y salir de la droga a nivel personal y comunitario es muy difícil.
_¿Qué repercusiones tuvieron de los medios?
_Los medios la levantaron mucho porque pensamos en que momento hacer pública esta carta. Decidimos mandarla a fin de noviembre cuando estaban por asumir las nuevas autoridades. También era un momento que no había noticias rimbombantes y la hicimos pública en esa fecha como un deseo de fijarle la agenda a los funcionarios que venían. Era como decir “esto pasa”, ahora ustedes asumen una nueva gestión, háganse cargo. Mucho no se están haciendo cargo hasta ahora.
Los pibes son pibes. Es algo muy lindo eso. Pero en Bariloche hay una porción de la población que no interesa. No aparecen en ningún lado. Bariloche existe hasta Gallardo con suerte. Y eso se siente aquí arriba en el barrio, se siente mucho porque no tiran nunca ningún centro. Es lo que les digo cada vez que tengo oportunidad a algún responsable político; “Tírenle algo a la gente”. Un poquito más de vida. Una frecuencia mayor del colectivo. Un tacho de basura más. Lo que sea. Nosotros en el barrio tenemos el gimnasio Nehuen Che, del padre Pepe, que hace 4 meses nos vienen prometiendo lo necesario para terminarlo. Esa plata para un gobierno es el vuelto de una cena. Y uno se pregunta por qué no lo dan. Porque un espacio para los pibes del Alto es fundamental. Y resulta que ya estamos casi de nuevo en invierno y no pasa nada.
No hay mucho más que decir. En la inacción solo puede haber desidia o complicidad. Las dos matan. Y, las dos, más tarde o más temprano, se volverán a llevar vidas inocentes.
Lic. Rodolfo Patricio Florido
rodolfoflorido@hotmail.com
www.pdeqdigital.com
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